La Folía es una de las estructuras musicales más antiguas, un símbolo de la evolución de la música ibérica y su expansión por Europa. Nacida en la península ibérica como una danza frenética, su transformación refleja el viaje de la música occidental: desde el ritmo desenfrenado del Renacimiento hasta un refinado esquema de variaciones en el Barroco, resurgiendo en el s.XX y encontrando nuevas formas en la creación contemporánea.
Jan Bach, uno de los compositores por excelencia del quinteto de metales será el encargado de fusionar esta formación con la tradición de la folía española, reinventando esta forma barroca y actuando como hilo conductor entre el pasado y el presente.
Los primeros vestigios de la Folía aparecen en la España del s.XV, ligada a una danza de gran vitalidad y estructura repetitiva que favorecía la improvisación. Aunque su origen es incierto, se cree que formaba parte de festividades populares donde música y danza se fusionaban. Del Encina, figura clave del Renacimiento español, recogió en su obra la esencia de estos cantos y danzas, reflejando el cruce entre la tradición oral y la música cortesana. Su legado nos permite imaginar cómo sonaba la Folía en sus inicios, antes de su evolución formal. En el Barroco, la Folía adquirió una estructura más definida y se convirtió en un tema recurrente en Europa. Lully, maestro en la corte de Luis XIV, elevó la Folía con su Folies d’Espagne, inspirando futuras variaciones.
En el s.XIX, aunque la Folía dejó de componerse de forma explícita, su esencia persistió en la música española. Falla capturó su espíritu en danzas llenas de pasión y ritmo. A modo de celebración del 150º aniversario, tres danzas de sus obras más reconocidas. La Danza del Molinero refleja la intensidad rítmica de la tradición española, mientras que la hipnótica Danza Ritual del Fuego utiliza la repetición como un eco de las antiguas variaciones. Por su parte, la Danza No. 1 de La Vida Breve combina dramatismo y lirismo, con un carácter español que, aunque no sigue la estructura de la Folía, mantiene su esencia rítmica y expresiva.
Culminamos con una obra de encargo de Garazi Zabaleta. Con la misma idea que Jan Bach tuvo a partir de la Folía, Zabaleta lo traslada al País Vasco, a partir de la danza popular del pueblo de Abaltzisketa.
Transfoliación nos recuerda que la Folía no es solo un motivo musical: es un símbolo de continuidad y reinvención, un eco del pasado que sigue resonando en el presente.
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